CAPITULO 26º: LA ROMERIA DE LA VIRGEN DE ALAJAR
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
Esta Romería tiene lugar en la peña de Arias Montano en Alájar, pueblecito muy cerquita del mío. El día 9 de septiembre.
Mi madre se llama Mª de los Ángeles en honor a esta Virgen; que tiene muchos devotos en toda la sierra de Huelva.
Mi padre ese día les ponía la albarda a las dos bestias que había en mi casa La borrica y una yegua blanca y me llevaba a la romería montado en la yegua y mi madre en la burra con mi hermana Laura.
Hacia allí, nos dirigíamos muchos peregrinos de todos los pueblos limítrofes por camino senderos carreteras y veredas, unos a pie y otros en bestias y al llegar al lugar cada uno acampaba buscando la sombra de aquellos frondosos y centenarios pinos piñoneros. Donde mi padre tendía una manta y sacaba los víveres compuesto por toda una serie de ricos manjares relacionado con la salazón de las carnes del cerdo ibérico de bellota y los huevos duros que nos proporcionaba las cinco gallinas que tenía mi madre en el gallinero y que alguna era fruto de regalos o dádivas que recibía de gente agradecida por los servicios en el consultorio, o en mi propia casa otras se las daban a Don José el médico y si él no la quería se las daba a mi madre que le hacía mucha ilusión.
Recuerdo en una ocasión. Que vino una madre con su hijo: un joven mozo. Que traía un enorme bulto en la parte de atrás del cuello y le pedía a mi madre que le curase a su hijo. Mi madre los llevo al corrar y allí tenia ella sembrada una planta de Aloe Vera. Cortando una hoja; la peló y se la puso con una gasa liada en forma de apósito sobre el bulto o grano. Diciéndole: pasado mañana habrán salido el pus del grano y estará curado.
Estos gestos eran motivo de agradecimiento.
Este tipo de cosas era muy normal en aquellos tiempos en que se escaseaba de todo y al no haber tanto dinero los agradecimientos se pagaban en especies. (Quien no es agradecido no es bien nacido). Hay que recordar que la tuberculosis era muy común y campaba por sus anchas en la gente pobre y no pobre. Aunque más se cebaba en los pobres que tenían una alimentación escasa y poco sana con escasez de proteínas y vitaminas.
La pandemia no hacia distinción de clases y los antibióticos o (penicilina) era tan escasa que había que adquirirla en el estraperlo era el único medicamento que curaba los cortes infectados y mi madre regalaba en el consultorio a sus pacientes el jabón que fabricaba en mi casa con el aceite de oliva del olivar del Puerto y decía que lo mejor que hay para las heridas es lavarlas con ese jabón aunque después pusiera apoditos vendajes y yodo.
En una fiambrera de aluminio se transportaba la tortilla campera los filetes empanado y queso de cabra fabricado por mi madre de la leche que nos traía mi padre de sus tres cabras mansas de piel negra y los dulces o rosetones rosquillas y pestiños que también fabricaba mi madre y que embadurnaba con abundante miel que procedían de las 3 colmenas cilíndricas de corcho que estaban en la finca de Valdelacana.
En un seno del serón traía mi padre una sandia grandísima entrelarga con rayas verdes y blancas como la camiseta del Real Betis y melocotones amarillos y blancos con tonos rosado que les llamaban abridores, porque se abrían con un simple giro de las dos manos y dejaban al descubierto el hueso o semilla que se cubría con un tono rojo de hebras de la misma sabrosa pulpa del melocotón y también un hibrido de este melocotón con ciruela negra y que allí se le llamaba albérchigo pero que en Sevilla recibe el nombre de nectarina. Todas estas riquísimas frutas habían sido regadas por las claras aguas del río carabaña y cultivadas por mi padre en su finca de Repilao. El sabor de aquella sandia y aquel melocotón amarillo. Aun la impronta de mi celebro y mis papilas gustativas quieren después de 50 años degustar e imaginarse en el paladar, el dulzor que nuca más pude repetir en todos estos largos años. Probablemente debió de perderse la simiente para siempre o simplemente el modo de cultivarse fue cambiando y degenerando en otra fruta insulsa totalmente diferente o quizás es que todos los cinco sentidos del cuerpo humano se degeneran con el paso del tiempo perdiendo paulatinamente las facultades para lo que fueron creados. No lo sé creo que es un compendio de todo lo que he dicho.
Las Campañas de la espadaña de la ermita de la Peña de Los Ángeles no dejaban de dar vueltas y tocar llamando a los fieles peregrinos a misa, y lo que más me llamaba la atención de aquella hernita era un cuarto oscuro; solo iluminado por las luces que desprende las llamas de las muchas velas que allí se consumían. El cuarto estaba a la derecha del altar y que contenía expuestas y colgadas en la pared toda una serie de figuras que me daban miedo contemplarlas porque eran las llamadas jaculatorias que los fieles devotos dejaban allí colgadas en memoria de alguna enfermedad que la virgen le había curado, se veían pequeñitos estomago piernas pulmones brazos manos pies fabricados de cera; bastones y muletas y más cosas que a un niño como yo; le producían miedo y asombro.
En una cantina que había en la explanada donde acampamos y muy cerca de donde brotaba del suelo un agua riquísima fresquísima y cristalina había una gigantesca y poderosa águila real en el suelo esposada por las enormes garras con una larga cadena; que no dejaba de mirarme con aquellos dos grandes ojos amarillos, su altura era tan grande como la mía y mirando sus grandes garras me imaginaba que podría cogerme levantarme y llevarme volando por el cielo hasta su nido para devorarme y ser alimento de sus hijos.
Mi madre me llevo a una cueva que había debajo de los cimientos de la ermita y me fue contando que en aquellas bóvedas naturales de la cueva se había quedado a vivir sus últimos años de vida un consejero confesor del rey Felipe II hace mas de 400 años y que se hizo sibarita y ermitaño de aquel sitio prefiriendo pasar el resto de su vida meditando. Su nombre era Benito Arias Montano (1527-1598) humanista y teólogo Fundó una Cátedra de Latinidad en Aracena y dirigió la edición de la Biblia Políglota de Amberes.
FIN DEL CAPITULO 26º: LA ROMERIA DE LA VIRGEN DE ALAJAR
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950 (CONTINUARA) Un saludo de DON PEDRO JUNIOR.
domingo, 15 de agosto de 2010
CAPITULO 25º: EL DIA DEL BOLLO EN JABUGO
CAPITULO 25º: EL DIA DEL BOLLO EN JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
El día del bollo es una tradición antiquísima que podría proceder de los leoneses o asturianos que repoblaron estas tierras allá por la RECONQUISTA y que se celebra el domingo de resurrección.
Consiste en una comida campestre a modo de pigning americano y que el elemento central es un bollo en forma de rosca elaborado con matalahúga y con un huevo duro que se cuece al ser horneado junto al bollo y queda con su cascara incrustado en el centro.
Mi padre ese día nos llevaba al puerto. Nombre que recibía el pequeño olivar que heredó de sus tíos y allí pasábamos un hermoso día con una manta tendida en las hierbas sobre aquel suelo verde y muy cerca de la carretera que va hacia el pequeño pueblo del Castaño y Alajar.
De fondo se escuchaban los primeros grillos de la primavera que con sus canticos tratan de decirles a sus congéneres que es allí junto a su agujero, donde está su territorio y que no se acerquen porque habrá pelea territorial.
También con esos cantos llaman a las hembras para que vengan a aparearse y con ello perpetuar la especie.
Los demás grupos de personas formando conjuntos de familia, no estaban muy separados de nosotros, se situaban al otro lado de la carretera, con cánticos y buena pitanza. Aquel era un gran día para todo el pueblo.
El olivar que mi padre en vida no quiso vender. Se lo vendió mi Madre a Luís el municipal por cien mil pesetas de las de antes. Una vez muerto mi Padre; Luis no quedó muy conforme con esta venta porque el testamento que dejo mi Padre no decía nada de que su esposa enajenase nada de lo que él no se quiso desprender en vida; Y le quedaba a Luís el municipal la duda de que si alguno de los 7 hijos de Don pedro quisieran reclamar algo el día de mañana; pudiendo existir pleitos y problemas. Cosa que nunca estuvo en nuestro ánimo de hacer, puesto que todo lo que hizo mi madre lo dimos por bien hecho y empleado y todas las decisiones suyas fueron rigurosamente respetadas y así quedara para siempre. Puesto que mi pobre Madre vivió solo y exclusivamente: Dedicándose a una entrega total en pro de sus hijos y nietos.
Hay que señalar que por aquella fecha no se le estaba permitido a ninguna mujer hacer transacciones de dinero de ningún tipo. Y es mas la mujer que manejara algún fajo de dinero, gozaba de muy mala fama porque se le criticaba como fulana o prestamista.
El único ser supremo en la selva era el León y en los humanos. El hombre.
Él era el único ser que traía y podía manejar el dinero, y en caso de fallecimiento de este. El albacea testamentario.
En el caso nuestro. Mis padres escogieron a un Alférez de los que se llamaban Provisionales de Franco y que habría estudiado algo de Bachillerato en la Republica o quizás hasta hubiera hecho la licenciatura en Leyes pero sin ejercer.
Mi Padre después de escuchar a muchos candidatos que necesitaban dinero calentito. Porque los banco les habían hecho bastantes hipotecas; no pudiendo responder a los pagos de sus préstamos. Siendo ellos conocedores de los apercibimientos de embargo de sus tierras. Buscaban el dinero de Don Pedro que acababa de recibir de la venta de Valdelacana que fueron por un millón y setecientas mil pesetas.
Mis padres se decidieron; Escogiendo de albacea testamentario a este señor; cuyo nombre voy a callar para no herir susceptibilidades que según me contaba mi pobre Madre le costó mucho trabajo conseguir que este buen señor le devolviera sus dinero mensual que le estaba asignado para poder dar de comer a sus siete hijos.
Según él decía argumentando: Que el dinero lo tenía a buen recaudo en inversiones en los Bancos a los cuales les costaba mucho trabajo soltar los intereses y no tenían dinero para dar.
Creo que esto de los dineros siempre ha sido y será igual. Son muy pocos los que manejando la miel no se chupan los dedos.
E incluso en una ocasión le oí decir a mi pobre Madre al respecto: Que al final y después de tanto esfuerzo en pedirle lo que era suyo y que recibía por cuenta gotas del citado Testaferro. Se quedó el buen Señor con algún dinero por entregar. Poniendo por escusa: ¡Doña Ángeles¡ Yo ya no soy yo, sino mis circunstancias y es mi mujer la que dispone de los dineros, y que él ya no mandaba ni podía hacer nada.
Mi pobre Madre que no era amiga de los pleitos tan solo se conformo con contárselo al párroco de la Iglesia de La Concepción. En La Gran Plaza de Sevilla. Y el cura le respondió. Hija mía: ¡El Hombre es bueno hasta que deja de serlo¡
Mi Madre me lo contó un día de una forma confidencial y hoy hago saber aquí.
Y digo más: De los muertos solo se debe de decir la verdad. Porque entre otras cosas no están aquí para defenderse. Y esto que os pongo no es nada más que la pura verdad.
Que cierro con la frase que el cura le dijo a mi pobre Madre. Con la única y sola intención de que alguien la coja y le sirva de aviso. y no tropiece en esta piedra
FIN DELCAPITULO 25º: EL DIA DEL BOLLO EN JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
El día del bollo es una tradición antiquísima que podría proceder de los leoneses o asturianos que repoblaron estas tierras allá por la RECONQUISTA y que se celebra el domingo de resurrección.
Consiste en una comida campestre a modo de pigning americano y que el elemento central es un bollo en forma de rosca elaborado con matalahúga y con un huevo duro que se cuece al ser horneado junto al bollo y queda con su cascara incrustado en el centro.
Mi padre ese día nos llevaba al puerto. Nombre que recibía el pequeño olivar que heredó de sus tíos y allí pasábamos un hermoso día con una manta tendida en las hierbas sobre aquel suelo verde y muy cerca de la carretera que va hacia el pequeño pueblo del Castaño y Alajar.
De fondo se escuchaban los primeros grillos de la primavera que con sus canticos tratan de decirles a sus congéneres que es allí junto a su agujero, donde está su territorio y que no se acerquen porque habrá pelea territorial.
También con esos cantos llaman a las hembras para que vengan a aparearse y con ello perpetuar la especie.
Los demás grupos de personas formando conjuntos de familia, no estaban muy separados de nosotros, se situaban al otro lado de la carretera, con cánticos y buena pitanza. Aquel era un gran día para todo el pueblo.
El olivar que mi padre en vida no quiso vender. Se lo vendió mi Madre a Luís el municipal por cien mil pesetas de las de antes. Una vez muerto mi Padre; Luis no quedó muy conforme con esta venta porque el testamento que dejo mi Padre no decía nada de que su esposa enajenase nada de lo que él no se quiso desprender en vida; Y le quedaba a Luís el municipal la duda de que si alguno de los 7 hijos de Don pedro quisieran reclamar algo el día de mañana; pudiendo existir pleitos y problemas. Cosa que nunca estuvo en nuestro ánimo de hacer, puesto que todo lo que hizo mi madre lo dimos por bien hecho y empleado y todas las decisiones suyas fueron rigurosamente respetadas y así quedara para siempre. Puesto que mi pobre Madre vivió solo y exclusivamente: Dedicándose a una entrega total en pro de sus hijos y nietos.
Hay que señalar que por aquella fecha no se le estaba permitido a ninguna mujer hacer transacciones de dinero de ningún tipo. Y es mas la mujer que manejara algún fajo de dinero, gozaba de muy mala fama porque se le criticaba como fulana o prestamista.
El único ser supremo en la selva era el León y en los humanos. El hombre.
Él era el único ser que traía y podía manejar el dinero, y en caso de fallecimiento de este. El albacea testamentario.
En el caso nuestro. Mis padres escogieron a un Alférez de los que se llamaban Provisionales de Franco y que habría estudiado algo de Bachillerato en la Republica o quizás hasta hubiera hecho la licenciatura en Leyes pero sin ejercer.
Mi Padre después de escuchar a muchos candidatos que necesitaban dinero calentito. Porque los banco les habían hecho bastantes hipotecas; no pudiendo responder a los pagos de sus préstamos. Siendo ellos conocedores de los apercibimientos de embargo de sus tierras. Buscaban el dinero de Don Pedro que acababa de recibir de la venta de Valdelacana que fueron por un millón y setecientas mil pesetas.
Mis padres se decidieron; Escogiendo de albacea testamentario a este señor; cuyo nombre voy a callar para no herir susceptibilidades que según me contaba mi pobre Madre le costó mucho trabajo conseguir que este buen señor le devolviera sus dinero mensual que le estaba asignado para poder dar de comer a sus siete hijos.
Según él decía argumentando: Que el dinero lo tenía a buen recaudo en inversiones en los Bancos a los cuales les costaba mucho trabajo soltar los intereses y no tenían dinero para dar.
Creo que esto de los dineros siempre ha sido y será igual. Son muy pocos los que manejando la miel no se chupan los dedos.
E incluso en una ocasión le oí decir a mi pobre Madre al respecto: Que al final y después de tanto esfuerzo en pedirle lo que era suyo y que recibía por cuenta gotas del citado Testaferro. Se quedó el buen Señor con algún dinero por entregar. Poniendo por escusa: ¡Doña Ángeles¡ Yo ya no soy yo, sino mis circunstancias y es mi mujer la que dispone de los dineros, y que él ya no mandaba ni podía hacer nada.
Mi pobre Madre que no era amiga de los pleitos tan solo se conformo con contárselo al párroco de la Iglesia de La Concepción. En La Gran Plaza de Sevilla. Y el cura le respondió. Hija mía: ¡El Hombre es bueno hasta que deja de serlo¡
Mi Madre me lo contó un día de una forma confidencial y hoy hago saber aquí.
Y digo más: De los muertos solo se debe de decir la verdad. Porque entre otras cosas no están aquí para defenderse. Y esto que os pongo no es nada más que la pura verdad.
Que cierro con la frase que el cura le dijo a mi pobre Madre. Con la única y sola intención de que alguien la coja y le sirva de aviso. y no tropiece en esta piedra
FIN DELCAPITULO 25º: EL DIA DEL BOLLO EN JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
jueves, 12 de agosto de 2010
CAPITULO 24º: LA PRIMERA TELEVISION QUE LLEGO A JABUGO
CAPITULO 24º: LA PRIMERA TELEVISION QUE LLEGO A JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
La primera televisión que yo vi. Fue en cuclillas a través de una ventana agarrado a los barrotes de una reja andaluza que estaba situada en una de las grandes casas solariegas enfrente de la farmacia del licenciado o farmacéutico Mota a la mitad de la calle la fuente.
Allí nos apiñábamos unas ocho o diez personas para poder ver el primer receptor de las hondas televisivas españolas y que solo había un canal de TVE.
Aquel día pudimos ver poca cosa porque entre esas cosas. En la pantalla de aquella televisión que gentilmente nos la puso orientada hacia la calle donde nosotros estábamos. Solo pudimos ver unas cuantas de rayas que subían y bajaban sobre unas imágenes confusas en blanco y negro y algo borrosas.
El espectáculo no dejaba de admirarnos. Porque sabíamos que en ese mismo instante veíamos lo que hacían la gente que estaban a muchos cientos de kilómetros de distancia de donde nosotros estábamos.
Esto ocurría en el último cuarto de la década de los cincuenta.
En aquella pantalla alguien con micrófono en mano y como antes os dije se esforzaba en decirnos algo de aquel magnifico invento. Que como niños que éramos no comprendíamos.
Más tarde en Sevilla pude ve en el Bar de Carmelo de la calle Central en la Ciudad Jardín Calle Alfonso doce a la altura del Bar Blandino. Los primeros episodios de las series americanas: la Patrulla de Caminos, con aquellos coches de policía que horrorizados veíamos como se destrozaban por tratar de coger el Cheriz a los hombres malos que huían cuando cometían un delito. Bonanza. El manco. El Virginiano y La perrita Marilin.
FIN DELCAPITULO 24º: : LA PRIMERA TELEVISION QUE LLEGO A JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
La primera televisión que yo vi. Fue en cuclillas a través de una ventana agarrado a los barrotes de una reja andaluza que estaba situada en una de las grandes casas solariegas enfrente de la farmacia del licenciado o farmacéutico Mota a la mitad de la calle la fuente.
Allí nos apiñábamos unas ocho o diez personas para poder ver el primer receptor de las hondas televisivas españolas y que solo había un canal de TVE.
Aquel día pudimos ver poca cosa porque entre esas cosas. En la pantalla de aquella televisión que gentilmente nos la puso orientada hacia la calle donde nosotros estábamos. Solo pudimos ver unas cuantas de rayas que subían y bajaban sobre unas imágenes confusas en blanco y negro y algo borrosas.
El espectáculo no dejaba de admirarnos. Porque sabíamos que en ese mismo instante veíamos lo que hacían la gente que estaban a muchos cientos de kilómetros de distancia de donde nosotros estábamos.
Esto ocurría en el último cuarto de la década de los cincuenta.
En aquella pantalla alguien con micrófono en mano y como antes os dije se esforzaba en decirnos algo de aquel magnifico invento. Que como niños que éramos no comprendíamos.
Más tarde en Sevilla pude ve en el Bar de Carmelo de la calle Central en la Ciudad Jardín Calle Alfonso doce a la altura del Bar Blandino. Los primeros episodios de las series americanas: la Patrulla de Caminos, con aquellos coches de policía que horrorizados veíamos como se destrozaban por tratar de coger el Cheriz a los hombres malos que huían cuando cometían un delito. Bonanza. El manco. El Virginiano y La perrita Marilin.
FIN DELCAPITULO 24º: : LA PRIMERA TELEVISION QUE LLEGO A JABUGO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
domingo, 8 de agosto de 2010
CAPITULO 23º: EL GRAN CIRCO PRINCE QUE HIZO SU ESTANCIA EN MI PUEBLO
CAPITULO 23º: EL GRAN CIRCO PRINCE QUE HIZO SU ESTANCIA EN MI PUEBLO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
Por aquellas fechas se le ocurrió al gran Circo Princes que venía de la vecina Portugal; en una de sus giras hacer una parada en mi pueblo; que para todos los niños nos vino muy bien tal acontecimiento.
La lona o carpa la pusieron en la explanada que dejaba el campo de fútbol situado bajo del edificio del Tiro; edificio que es de propiedad del ayuntamiento de Sevilla.
El nombre del Tiro le vino al gran edificio por ser el lugar donde tenía una cancha del tiro al plato y que algunos gustaban de hacer tiradas competitivas ejercitando la puntería los socios del Casino Central que disponían de licencia para tener escopetas. Mi padre era uno de ellos y le gustaba ese deporte olímpico.
Él solito se recargaba sus cartuchos; también practico alguna vez el tiro al plato en aquel majestuoso sitio.
Este grandioso edificio construido de piedras y ladrillo. Se hizo bajo las instrucciones y jurisdicción de un gran arquitecto Sevillano llamado Aníbal González.
Mi padre también intervino como albañil en la construcción de la torre. Al igual que todo el pueblo y otros limítrofes. y comento en una ocasión que salvo a un compañero que trabajaba con el en el andamio, de caer al vacío y despeñarse al sujetarlo por los hondillos y evitar una tragedia en el pueblo.
Allí en aquella gran explanada empezaron dos hombres a dar golpes con un ritmo simultáneo y con mazas de acero de cinco kilos sobre el gran clavo que tenía grandes rebabas en la cabeza.
Sobre esos grandes clavos sujetarían la gran lona que daría cobijo durante unas horas a todos los espectadores que vieran el espectáculo.
El gran circo tenía muchas clases de fieras, que al acercarte a las jaulas tenían un fuerte olor muy desagradable que te entraba por la nariz y te echaba para atrás: había tigres leones jaguares leopardos panteras negras y de todas las clases hasta la famosa y en fase de extinción: La panteras de las nieves con un hermoso rabo largo muy peludo y tiene su origen en Asia .en Cachemira o en los grandes picos del Himalaya en el Caracorun, donde están los bueyes almizcleros los ocho grandes picos de ocho mil metros de altura que remontara por primera vez el inglés Hilary junto con un sherpa del lugar que no me acuerdo como se llamaba; Creo que era algo así como Francis Hotman. Pero claro este se le oye mucho menos que Hilary a pesar de llevar la carga mas pesada de la espedicion.Pero ya se sabe: El que nace para martillo del cielo le caen los clavos.
También tenían elefantes, estos estaban metidos en un vagón y sacaban sus largas trompas por entre las rejas de una ventana de unos cuatro barrotes pidiéndonos algo de comer, nosotros no lo pensamos dos veces y le dábamos castañas que estaban por todas partes del suelo de aquel hermoso castañal y que depositabamos en el estremo de su trompa.Nos maravillaba ver aquella nariz prensil tan versátil con sus miles de musculos que succionaba las castañas que le poníamos en la punta de la nariz y se las comían con mucho apetito, de vez en cuando les alternábamos algún erizo sin sacarle las castañas o una pequeña piedra redonda que por alli se llaman chinas y que son parecida a una castaña.
el animal cuando se daba cuenta del engaño. con un fuerte resoplido nos lo enviaban sobre nuestros cuerpos a gran velocidad, que teníamos que estar atento, porque de lo contrario al que le diera le fastidiaba un buen rato, estos animales de tonto no tenían nada.
El alimento de las fieras era de una manera diferente. Los elefantes son herbívoros y las fieras carnívoras.
Me dijo mi amigo el Maqui que había visto muchos arrieros de todos los pueblos limítrofes traer a sus mulos y burros viejos algunos cojeaban y se les señalaban los huesos de los costillares y tenían las orejas caídas del peso de los años porque el dueño del circo se los pagaban a buen precio. La zona de Aracena y los picos de Aroche se quedo sin bestias viejas y las fieras se la comieron todas.
Luego me siguió contando que desde lejos pudo ver como uno de los empleados del circo les clavaba un enorme cuchillo por entre las dos paletillas y caían al suelo desangrados, donde poco después eran descuartizados y llevadas las piezas de carne con un carrillo de mano a las jaulas de las fieras hambrientas donde se las daban con un gran tenedor de mango largo por entre los barrotes.
Este espectáculo del sacrificio de los burros me lo perdí yo; cosa rara porque me gustaba meterme en todos estos berenjenales, pero quizás en ese mismo instante estaría haciendo alguna otra cosa.
Cuando ya estuvo todo montado vinieron las actuaciones y empezaron las funciones, mi padre compro unas localidades y allí vimos el espectáculo: Los osos amaestrados los monos y gorilas con sus gracias los payasos con sus chascarrillos los trapecistas el domador de fieras y toda una serie de actuaciones espectaculares que a al verlas por primera vez nos maravilló y sorprendió a todos los que allí estuvimos.
Después de dejar sin burros a Jabugo, levantaron el circo y se fueron con dirección a otra parte.
FIN DELCAPITULO 23º: EL GRAN CIRCO PRINCES QUE HIZO SU ESTANCIA EN MI PUEBLO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950
Por aquellas fechas se le ocurrió al gran Circo Princes que venía de la vecina Portugal; en una de sus giras hacer una parada en mi pueblo; que para todos los niños nos vino muy bien tal acontecimiento.
La lona o carpa la pusieron en la explanada que dejaba el campo de fútbol situado bajo del edificio del Tiro; edificio que es de propiedad del ayuntamiento de Sevilla.
El nombre del Tiro le vino al gran edificio por ser el lugar donde tenía una cancha del tiro al plato y que algunos gustaban de hacer tiradas competitivas ejercitando la puntería los socios del Casino Central que disponían de licencia para tener escopetas. Mi padre era uno de ellos y le gustaba ese deporte olímpico.
Él solito se recargaba sus cartuchos; también practico alguna vez el tiro al plato en aquel majestuoso sitio.
Este grandioso edificio construido de piedras y ladrillo. Se hizo bajo las instrucciones y jurisdicción de un gran arquitecto Sevillano llamado Aníbal González.
Mi padre también intervino como albañil en la construcción de la torre. Al igual que todo el pueblo y otros limítrofes. y comento en una ocasión que salvo a un compañero que trabajaba con el en el andamio, de caer al vacío y despeñarse al sujetarlo por los hondillos y evitar una tragedia en el pueblo.
Allí en aquella gran explanada empezaron dos hombres a dar golpes con un ritmo simultáneo y con mazas de acero de cinco kilos sobre el gran clavo que tenía grandes rebabas en la cabeza.
Sobre esos grandes clavos sujetarían la gran lona que daría cobijo durante unas horas a todos los espectadores que vieran el espectáculo.
El gran circo tenía muchas clases de fieras, que al acercarte a las jaulas tenían un fuerte olor muy desagradable que te entraba por la nariz y te echaba para atrás: había tigres leones jaguares leopardos panteras negras y de todas las clases hasta la famosa y en fase de extinción: La panteras de las nieves con un hermoso rabo largo muy peludo y tiene su origen en Asia .en Cachemira o en los grandes picos del Himalaya en el Caracorun, donde están los bueyes almizcleros los ocho grandes picos de ocho mil metros de altura que remontara por primera vez el inglés Hilary junto con un sherpa del lugar que no me acuerdo como se llamaba; Creo que era algo así como Francis Hotman. Pero claro este se le oye mucho menos que Hilary a pesar de llevar la carga mas pesada de la espedicion.Pero ya se sabe: El que nace para martillo del cielo le caen los clavos.
También tenían elefantes, estos estaban metidos en un vagón y sacaban sus largas trompas por entre las rejas de una ventana de unos cuatro barrotes pidiéndonos algo de comer, nosotros no lo pensamos dos veces y le dábamos castañas que estaban por todas partes del suelo de aquel hermoso castañal y que depositabamos en el estremo de su trompa.Nos maravillaba ver aquella nariz prensil tan versátil con sus miles de musculos que succionaba las castañas que le poníamos en la punta de la nariz y se las comían con mucho apetito, de vez en cuando les alternábamos algún erizo sin sacarle las castañas o una pequeña piedra redonda que por alli se llaman chinas y que son parecida a una castaña.
el animal cuando se daba cuenta del engaño. con un fuerte resoplido nos lo enviaban sobre nuestros cuerpos a gran velocidad, que teníamos que estar atento, porque de lo contrario al que le diera le fastidiaba un buen rato, estos animales de tonto no tenían nada.
El alimento de las fieras era de una manera diferente. Los elefantes son herbívoros y las fieras carnívoras.
Me dijo mi amigo el Maqui que había visto muchos arrieros de todos los pueblos limítrofes traer a sus mulos y burros viejos algunos cojeaban y se les señalaban los huesos de los costillares y tenían las orejas caídas del peso de los años porque el dueño del circo se los pagaban a buen precio. La zona de Aracena y los picos de Aroche se quedo sin bestias viejas y las fieras se la comieron todas.
Luego me siguió contando que desde lejos pudo ver como uno de los empleados del circo les clavaba un enorme cuchillo por entre las dos paletillas y caían al suelo desangrados, donde poco después eran descuartizados y llevadas las piezas de carne con un carrillo de mano a las jaulas de las fieras hambrientas donde se las daban con un gran tenedor de mango largo por entre los barrotes.
Este espectáculo del sacrificio de los burros me lo perdí yo; cosa rara porque me gustaba meterme en todos estos berenjenales, pero quizás en ese mismo instante estaría haciendo alguna otra cosa.
Cuando ya estuvo todo montado vinieron las actuaciones y empezaron las funciones, mi padre compro unas localidades y allí vimos el espectáculo: Los osos amaestrados los monos y gorilas con sus gracias los payasos con sus chascarrillos los trapecistas el domador de fieras y toda una serie de actuaciones espectaculares que a al verlas por primera vez nos maravilló y sorprendió a todos los que allí estuvimos.
Después de dejar sin burros a Jabugo, levantaron el circo y se fueron con dirección a otra parte.
FIN DELCAPITULO 23º: EL GRAN CIRCO PRINCES QUE HIZO SU ESTANCIA EN MI PUEBLO
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO DE JABUGO EN 1950.
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (continuara)
sábado, 7 de agosto de 2010
CAPITULO 2º LA AUTOPSIA DEL NIÑO AHOGADO EN LA RIVERA DEL CASTAÑO. DEL LIBRO: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN EL 1950
No me publican mis escritos
PUBLICADO EL DIA 24/04/2010
CAPITULO 2º LA AUTOPSIA DEL NIÑO AHOGADO EN LA RIVERA DEL CASTAÑO. DEL LIBRO: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN EL 1950
Luego vino la autopsia del niño. Practicada por el médico forense y varios más también entre ellos don José el médico de Jabugo que trabajaba en el dispensario de Jabugo. Todos vestían bata blanca realizaron sus actuaciones en una habitación muy pequeña que tenía el cementerio cerca de la reja de entrada.
Mi madre que era practicante y matrona del pueblo no recuerdo haberla visto allí. Porque de haber sido así no me hubiera atrevido ni acercarme al quicio de la puerta.
Allí estuve yo merodeando entre muchos curiosos; Como siempre el más osado, que con el arrojo que me caracterizaba y que iba cada vez en aumento por tener gran pasión hacia las emociones fuertes, (todo en esta vida es cuestión de ejercitarlo), Con este comportamiento o actitud me hacia distinguirme de los niños de mi generación.
Tan pronto me veías jugando con niños de la sociedad alta como con el más humilde del pueblo.
Siempre me he llevado bien con todos. Porque me conducía bien con ellos.
Esa postura era difícil llevarla a cabo pero yo la ponía en práctica y todos me admitían.
Confieso que para mí era y es muy fácil hacerlo y te aseguro que llegas aprender mucho de todos.
Allí estaba yo cerca de la entrada husmeando queriendo enterarme de que le hacían al pobre y des afortunado niño ahogado.
Ni que decir tiene que no me encontraba dentro con los facultativos, indudablemente a un mocoso de 6 o 8 años era evidente que no le dejaran entrar a curiosear. (Menudo guantazo se hubiera llevado en aquellas fechas)
Aunque ya de antemano sabíamos más o menos por los rumores que corrían de unos a otros. En qué consistía la autopsia y precisamente por ello me llamaba mas la curiosidad y escurriéndome como una anguila logre llegar cerca de la entrada donde me quede en cuclillas al lado de la puerta, queriendo ver algo por entre las bisagras y solo pude escuchar los golpes de martillo que aún resuenan en mi mente y luego después al no poder ver nada entre tanta bata blanca, la imaginación puso todo el resto.
Fin del Capitulo 2º LA AUTOPSIA DEL NIÑO AHOGADO EN LA RIVERA DEL CASTAÑO. DEL LIBRO: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN EL 1950
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
PUBLICADO EL DIA 24/04/2010
CAPITULO 2º LA AUTOPSIA DEL NIÑO AHOGADO EN LA RIVERA DEL CASTAÑO. DEL LIBRO: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN EL 1950
Luego vino la autopsia del niño. Practicada por el médico forense y varios más también entre ellos don José el médico de Jabugo que trabajaba en el dispensario de Jabugo. Todos vestían bata blanca realizaron sus actuaciones en una habitación muy pequeña que tenía el cementerio cerca de la reja de entrada.
Mi madre que era practicante y matrona del pueblo no recuerdo haberla visto allí. Porque de haber sido así no me hubiera atrevido ni acercarme al quicio de la puerta.
Allí estuve yo merodeando entre muchos curiosos; Como siempre el más osado, que con el arrojo que me caracterizaba y que iba cada vez en aumento por tener gran pasión hacia las emociones fuertes, (todo en esta vida es cuestión de ejercitarlo), Con este comportamiento o actitud me hacia distinguirme de los niños de mi generación.
Tan pronto me veías jugando con niños de la sociedad alta como con el más humilde del pueblo.
Siempre me he llevado bien con todos. Porque me conducía bien con ellos.
Esa postura era difícil llevarla a cabo pero yo la ponía en práctica y todos me admitían.
Confieso que para mí era y es muy fácil hacerlo y te aseguro que llegas aprender mucho de todos.
Allí estaba yo cerca de la entrada husmeando queriendo enterarme de que le hacían al pobre y des afortunado niño ahogado.
Ni que decir tiene que no me encontraba dentro con los facultativos, indudablemente a un mocoso de 6 o 8 años era evidente que no le dejaran entrar a curiosear. (Menudo guantazo se hubiera llevado en aquellas fechas)
Aunque ya de antemano sabíamos más o menos por los rumores que corrían de unos a otros. En qué consistía la autopsia y precisamente por ello me llamaba mas la curiosidad y escurriéndome como una anguila logre llegar cerca de la entrada donde me quede en cuclillas al lado de la puerta, queriendo ver algo por entre las bisagras y solo pude escuchar los golpes de martillo que aún resuenan en mi mente y luego después al no poder ver nada entre tanta bata blanca, la imaginación puso todo el resto.
Fin del Capitulo 2º LA AUTOPSIA DEL NIÑO AHOGADO EN LA RIVERA DEL CASTAÑO. DEL LIBRO: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN EL 1950
UN SALUDO DE DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
jueves, 5 de agosto de 2010
CAPITULO 22º: (SEGUNDA PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
CAPITULO 22º: (SEGUNDA PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Hay que destacar que por aquel entonces Sevilla era una gran ciudad muy comercial e industrial y faltaba mucho para que llegase el Preta Porte de las grandes superficies comerciales como Ecoru, Ecobol el Prica el Corte Ingles, Carreful. Etc. Y todos los propietarios de todas las tiendas del centro de Sevilla y directores de fábricas y los hijos de grandes familias ilustres de la Sevilla del Centro o militares con graduación superior, vivían en buena situación económica, y querían que sus hijos fueran a buenos colegios.
Con esto de la vestimenta y compostura de las chachas (marmotas) había hasta rivalidad entre las grandes casas para ver quien en la Plaza Nueva venia con mejor o peor porte o vestimenta y las niñas o niños con los mejores trapitos, siempre iban como un palmito de blanco inmaculado y bien planchado. Solían salir las vecinas a la misma hora a los balcones para ver el desfile y comparar como iban ese día las chachas o (marmotas) de cada casa y admirar como llevaban a las niñas a la plaza nueva o a la Gavidia o la plaza de San Lorenzo. Susurraban desde los balcones diciendo: (Mira esas son las hijas de Don fulano y estas otras son las de don citano) ¡OH ¡que guapas! ¡Qué bien van hoy!
Estas criadas estaban encantada de servir en casas de familia tan distinguidas y honorables y educadas y se sentían vinculadas a la casa de tal forma que allí mismo se vestían de blanco para el casamiento con un buen regalo de boda. También es cierto que algunas recibían una patada en el talle por ser menos discretas y tener esperando tres o cuatro novios en la puerta de la calle, por aquel entonces había que andar con mucho tacto por el temor al ¿qué dirán? y por consiguiente nada era verdad todo era mentira e hipocresía.
En la época de los 50 y los 60 y los 70 había mucha falsedad, mucha hipocresía y bastante cinismo. Las personas les daban vergüenza de decir que eran pobres. Y esa vergüenza les hacía vivir de una forma cínica e hipócritas convertidos en verdaderos fantasmas. Todos observando el ¿Qué dirán? Y mucho aparentar.
Allí en la plaza nueva o en san Lorenzo estaban esperando los soldaditos a las chachas para platicar. Se podía decir que había dos soldado por cada niñera, y todos tan contentos.
Hay que puntualizar que en la Sevilla de aquel entonces había un cuartel de soldados en cada barriada.
Los niños (alumnos) que estaban al otro lado de la valla del colegio de curas o monjas, iban peor vestidos eran hijos de obrero y vestían de peor manera, aparte de distinguirse por su vestimenta y su calzado, el comportamiento por la calle era de niños más inquietos daban patadas a las latas y piedras y vociferaban palabras mal sonante se agachaban y cogían cosas del suelo se peleaban entre ellos, y hacían gamberradas propias de aquella época, como la de romper las bombillas de la farolas etc.
En los hermanos Maristas el pago de la enseñanza era sufragado en la mayoría de los casos por la empresa donde trabajaban los padres, que podría tratarse bien de una empresa estatal o bien de una de las grandes empresas que existían por aquel entonces dirigidas por empresarios catalanes o vascos, o bien por una empresa minera estatal como la de Villa Nueva del Río y Minas en la provincia de Sevilla donde los mineros disfrutaban de poseer un Economato donde tenían toda la alimentación que necesitaban y que después se lo restaban de la nomina.
También disponían de un cupo asignado de leña o del carbón que ellos mismos habían sacado del fondo de la tierra y que serbia para que los trenes de franco pudieran circular a lo largo de todo el tendido de vías férreas de España. Tanto en la campaña de los tres años de guerra como en la posguerra de los años 50.
La enseñanza en los años 1950 era muy cara y no todo el mundo se lo podía permitir el pagarla.
Mi internado en los salesianos, fue como eso; un internado parecido a una tentativa de quererme domar como si fuese un potro de los que yo veía dar vueltas y vueltas a base de latigazos en Jabugo desde la tapia del Bacie en la calleja al lado de los nogales de Águeda.
Un año después se vino toda mi familia a la gran capital Sevillana que da cobijo a todo aquel que llega y testigo de aquel año es una foto que tengo. Intentare ponerla en mi blog para que la veáis todo el que quiera. antonsandom@gmail.com
Esta foto donde estamos todos los hermanos se hizo en la inauguración de la 1ª temporada de verano en la Piscina Sevilla situada en la Avenida Ciudad Jardín donde iniciamos un curso de natación y aprendimos los siete hermanos a nadar perfectamente. Se pueden observar los trajes de baño que eran de confección casera. Aunque a primera vista pareciese de una bou tic de de alta costura o recién salido del taller de Ágata Ruiz de la Prada. Era el año 1960 y aunque delgaditos os puedo asegurar que éramos todo fibra y músculos, las grasas se quemaban y desaparecían de nuestros cuerpos, debido a nuestra hiperactividad, siempre jugando y dando saltos. Hoy en día después de cincuenta años los niños de esta edad tienen otra fisionomía; están más gorditos debido a la vida sedentaria de estar sentados en el ordenador y de la comida rápida del Burguer kin.
CAPITULO 22º: (FIN DE LA 2ª PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Un saludo de DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Hay que destacar que por aquel entonces Sevilla era una gran ciudad muy comercial e industrial y faltaba mucho para que llegase el Preta Porte de las grandes superficies comerciales como Ecoru, Ecobol el Prica el Corte Ingles, Carreful. Etc. Y todos los propietarios de todas las tiendas del centro de Sevilla y directores de fábricas y los hijos de grandes familias ilustres de la Sevilla del Centro o militares con graduación superior, vivían en buena situación económica, y querían que sus hijos fueran a buenos colegios.
Con esto de la vestimenta y compostura de las chachas (marmotas) había hasta rivalidad entre las grandes casas para ver quien en la Plaza Nueva venia con mejor o peor porte o vestimenta y las niñas o niños con los mejores trapitos, siempre iban como un palmito de blanco inmaculado y bien planchado. Solían salir las vecinas a la misma hora a los balcones para ver el desfile y comparar como iban ese día las chachas o (marmotas) de cada casa y admirar como llevaban a las niñas a la plaza nueva o a la Gavidia o la plaza de San Lorenzo. Susurraban desde los balcones diciendo: (Mira esas son las hijas de Don fulano y estas otras son las de don citano) ¡OH ¡que guapas! ¡Qué bien van hoy!
Estas criadas estaban encantada de servir en casas de familia tan distinguidas y honorables y educadas y se sentían vinculadas a la casa de tal forma que allí mismo se vestían de blanco para el casamiento con un buen regalo de boda. También es cierto que algunas recibían una patada en el talle por ser menos discretas y tener esperando tres o cuatro novios en la puerta de la calle, por aquel entonces había que andar con mucho tacto por el temor al ¿qué dirán? y por consiguiente nada era verdad todo era mentira e hipocresía.
En la época de los 50 y los 60 y los 70 había mucha falsedad, mucha hipocresía y bastante cinismo. Las personas les daban vergüenza de decir que eran pobres. Y esa vergüenza les hacía vivir de una forma cínica e hipócritas convertidos en verdaderos fantasmas. Todos observando el ¿Qué dirán? Y mucho aparentar.
Allí en la plaza nueva o en san Lorenzo estaban esperando los soldaditos a las chachas para platicar. Se podía decir que había dos soldado por cada niñera, y todos tan contentos.
Hay que puntualizar que en la Sevilla de aquel entonces había un cuartel de soldados en cada barriada.
Los niños (alumnos) que estaban al otro lado de la valla del colegio de curas o monjas, iban peor vestidos eran hijos de obrero y vestían de peor manera, aparte de distinguirse por su vestimenta y su calzado, el comportamiento por la calle era de niños más inquietos daban patadas a las latas y piedras y vociferaban palabras mal sonante se agachaban y cogían cosas del suelo se peleaban entre ellos, y hacían gamberradas propias de aquella época, como la de romper las bombillas de la farolas etc.
En los hermanos Maristas el pago de la enseñanza era sufragado en la mayoría de los casos por la empresa donde trabajaban los padres, que podría tratarse bien de una empresa estatal o bien de una de las grandes empresas que existían por aquel entonces dirigidas por empresarios catalanes o vascos, o bien por una empresa minera estatal como la de Villa Nueva del Río y Minas en la provincia de Sevilla donde los mineros disfrutaban de poseer un Economato donde tenían toda la alimentación que necesitaban y que después se lo restaban de la nomina.
También disponían de un cupo asignado de leña o del carbón que ellos mismos habían sacado del fondo de la tierra y que serbia para que los trenes de franco pudieran circular a lo largo de todo el tendido de vías férreas de España. Tanto en la campaña de los tres años de guerra como en la posguerra de los años 50.
La enseñanza en los años 1950 era muy cara y no todo el mundo se lo podía permitir el pagarla.
Mi internado en los salesianos, fue como eso; un internado parecido a una tentativa de quererme domar como si fuese un potro de los que yo veía dar vueltas y vueltas a base de latigazos en Jabugo desde la tapia del Bacie en la calleja al lado de los nogales de Águeda.
Un año después se vino toda mi familia a la gran capital Sevillana que da cobijo a todo aquel que llega y testigo de aquel año es una foto que tengo. Intentare ponerla en mi blog para que la veáis todo el que quiera. antonsandom@gmail.com
Esta foto donde estamos todos los hermanos se hizo en la inauguración de la 1ª temporada de verano en la Piscina Sevilla situada en la Avenida Ciudad Jardín donde iniciamos un curso de natación y aprendimos los siete hermanos a nadar perfectamente. Se pueden observar los trajes de baño que eran de confección casera. Aunque a primera vista pareciese de una bou tic de de alta costura o recién salido del taller de Ágata Ruiz de la Prada. Era el año 1960 y aunque delgaditos os puedo asegurar que éramos todo fibra y músculos, las grasas se quemaban y desaparecían de nuestros cuerpos, debido a nuestra hiperactividad, siempre jugando y dando saltos. Hoy en día después de cincuenta años los niños de esta edad tienen otra fisionomía; están más gorditos debido a la vida sedentaria de estar sentados en el ordenador y de la comida rápida del Burguer kin.
CAPITULO 22º: (FIN DE LA 2ª PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Un saludo de DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
CAPITULO 22º: (PRIMERA PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
CAPITULO 22º: (PRIMERA PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
En todo ese primer año solitario que estuve en Sevilla. Interno y en los 6 años venideros restantes que pasé en la Escuela de Aprendices también interno. Nunca tuve protección de nadie, siempre me las tuve que arreglar yo solo para todo. Y os puedo asegurar que esto también marca a la persona y confirma lo de: “El hombre no nace sino se hace”
Al año siguiente a ese incidente de la bodega de mi casa improvisada de calabozo. Como yo insistía en salir con mi amigo Maqui en busca de sensaciones nuevas por aquellos caminos, riveras y huertas y el Bacie. Mis padres deciden arreglar la cuestión mandándome a un internado a más de 100 kilómetros de distancia.
Trascurría el año 1959 en un caluroso 15 de Septiembre Sevillano en los padres salesianos de la Santísima Trinidad.
Si grave fue el calabozo más grave fue el que mi madre me dejara solo a los 9 años de edad llorando en aquel caluroso patio con suelo de cemento que brotaba el fuego del verano sevillano; en aquel llamado: patio del recreo donde para mí; todo era extraño y no conocía a nadie, en aquel marcado e inolvidable día de septiembre.
Allí me dejo mi madre con una maleta de cartón. Yo no podía impedir las lágrimas de un niño de nueve años y mi madre sé que se fue también llorando.
Yo no hacía nada más que repetirme: (¿Por qué? ¿Por qué? Mama me arrancaste como una mata de chocho y me sombraste en la Ciudad).
Las polvorientas encinas el dorado castañar ¿Por qué? ¿Por qué? Me sacasteis Madre de mi pueblo natal.
De Sevilla todo me parecía grande en comparación con lo que era mi pueblo. Las calles eran el doble o triple más anchas y aquellos pisos tan altos y tanto trafico de carros de la nieve y de triciclos de panadería y con taxis de color amarillo por aquellas calles tan empedradas con esos adoquines de figura tan regular y tan grande; en comparación con las piedras pequeñas de mi calle.
Yo; la verdad no era un niño prodigio ni tenía grandes dones y virtudes ni era un jirón excelso de la divinidad caído del cielo en la tierra. Como diría Pérez Galdós en Torquemada en la hoguera.
Todo el camino en el Saure vine más mosqueao que un pavo escuchando una pandereta.
Aunque mi madre trataba de tranquilizarme dándome ánimo y diciéndome: Allí te enseñan mucho y terminas siendo un “hombre de provecho”.
Los domingos nos sacaba Don francisco nuestro tutor hasta llegar a la Plaza España.
Íbamos caminando en fila de dos por la acera y seguimos un orden y una disciplina sin extralimitarnos ninguno. Sabíamos que éramos observados por los viandantes y procurábamos hacerlo cada vez mejor. Algunas parejas de mujeres mayores nos preguntaban ¿de qué colegio sois niños? De los Salesianos señora ¡ah claro ya se os ve¡
Mis padres solo se sintieron orgullosos y no cabían en sus pellejos, cuando vieron como avanzaba en mis estudios en aquel internado Sevillano de Los Salesianos de Santísima Trinidad, y leían y releían con asombro las cartas escritas que les mandaba, sin una falta de ortografía y con una excelente caligrafía inglesa de letras apaisada. Adquirida tal habilidad de la escritura o caligrafía con la ayuda de los tres dictados diarios que hacíamos en clase y que corregíamos cuando ponía Don Francisco el dictado correcto en la pizarra.
De cada dictado según las faltas de ortografía cometidas, salía un nº de puesto en el escalafón de la clase. Los dos primeros figurarían en el Cuadro de Honor, y felicitado personalmente por el director del centro: Don José.
Al terminar el curso de ingreso de bachillerato allá por el año 1959- 60 regrese a mi casa con una caja de cartón de más de 50 centímetros de altura toda llena de libretas completas de dictados en cuadernos de doble rayas.
En la lectura también nos poníamos de pie sobre la pared y leíamos sobre nuestro libro. Cuando nos atascábamos al leer seguía el que estaba junto a ti y nos adelantaba en posición, quedando por delante. Cada vez que se superaba en la lectura con un cronometro. Se adquiría mejor posición en el escalafón que formábamos en la pared. Los dos primeros salían también en el Cuadro de Honor. Aunque el hecho de leer con más soltura no quería decir que lo había comprendido y asimilado todo, sino que leía como un papagayo. Lo de entender o no entender lo que se lee, se consigue con muchos más años de práctica de lectura y concentración.
Estos curas saben distinguir que alumnos les interesaría que siguieran estudiando en el colegio y que otros alumnos le vendrían mejor que se fueran del colegio.
Este vale para bachillerato y este otro para formación profesional. Que por cierto en la otra ala del internado estaban los de formación profesional. Y en el ala de la derecha los de bachilleres.
Cuando veían que un chico no promete los dejaban por imposible. Porque este no iba a darle renombre al Centro. El solo terminaba aburriéndose y yéndose del colegio.
En cambio se esforzaban con aquellos otros que le interesaban y que prometía y se centraban en el estudio cambiando con facilidad el chip del juego a la concentración de los deberes escolares.
El resultado los tenía en las evaluaciones periódicas de los exámenes.
Era palpable el adelanto que había obtenido en el internado, y mis padres dieron por bien empleado el sacrificio mensualmente que dieron de su dinero a los curas.
Se veía crecer el amor fraternal y se congratulaban cada vez mas de haberme engendrado, dando el ser a semejante criatura como yo.
Era el colegio de los salesianos de la Santísima Trinidad en la zona de los internos.
Y hago hincapié en esto de los internos para separar una zona de otra a través de una valla muy alta y que estaban al otro lado del cine o salón de actos. Estos otros se llamaban Los externos y eran alumnos que terminadas las clases se iban a sus casas. Solían ser de clases menos favorecidas.
En todos los colegios grandes de Sevilla ocurría lo mismo: siempre había una valla divisoria que separaba la gente humilde y sin recursos de la gente que podía permitirse el entregar dinero con muchos esfuerzos como era el caso de mis padres.
Unos ejemplos eran los de los padres Jesuitas de la calle Eduardo Dato. Allí estuvieron mis dos hermanitos mellizos e hicieron la primera comunión, al otro lado de la valla.
Se distinguían de los otros por tener distinto la bata o babi de color caqui, distinto al de los otros chicos más afortunados de colores a rayas en blanco y celeste; también hacían distinción el calzado y la cabeza rapada al cero por aquello de los piojos o las liendres que eran los huevos de cría de los piojos y que se adherían al cabello sin quererse soltar y otros muchos detalles más. El cantante Paco Navajas dijo alguna vez que: Aquel que nace para martillo. Del cielo le caen los clavos.
Otro ejemplo lo teníamos en el colegio de Yanduri situado en la misma puerta Jerez, Frente al Hotel Alfonso XII; los de un lado de la valla, no podían verse ni hablar con los del otro lado, porque se conoce que los pobres tenían un léxico no muy apropiado para la gente recatada. No fuera que escuchasen palabras mal sonante o se les pegara alguna miseria; cosas que no eran del agrado de los oídos de los padres pudientes que solían vivir en grandes casas solariegas que recogían a criadas de los pueblos limítrofes andaluces y extremeños y los chóferes conduciendo el SEAT 1400 de color negro o el 1500 con la palanca de cambio de las velocidades en el volante y toda serie de lujos de aquellos tiempos.
Por aquellas fechas se podían permitir tener por muy poco dinero todo el personal de servicio que quisieran dado que una niñera o cocinera, con tenerla vestida y calzada con su cofia con delantal blanco y recogida y alimentada.
Algunas las podías tener todo un día; por tan solo un huevo y un bollo era más que suficiente, para tenerlas contentas. Bien es cierto que había casas que mantenían más contentas a la servidumbre que otras, bien por el trato tolerante o afable y no autoritario y soberbio o bien siendo más dadivoso y menos mezquino.
Las criadas que tenían gran celo en el trabajo y que eran eficientes obedientes y en definitiva buenas criadas se las disputaban las señoras de las grandes casas como los buenos futbolistas en los grandes clubes. Y Ellas tan contenta de estar en una casa de tan alta alcurnia.
Las niñas de posición acomodada acompañadas por las chachas pueblerinas las llevaban al colegio de (palacio de) Yanduri situado en la puerta Jerez y que en la guerra fue sede de la falange española e iban adornadas con un gorrito circular de fino paño y de forma similar a un gran gurumelo (champiñón) que le hubieran quitado el tallo y puesto en la cabeza boca abajo y con una cinta de color azul muy vistoso, andaban rectas con la cabeza erguida y ropas muy recatadas de fino paño Ingles, con faldas azules y con lustrados pliegues siempre muy bien planchadas limpias e impecables y eran conducidas al colegio siempre puntual por criadas mayordomos o chóferes. Eran hijos de comerciantes o empresarios. No hay que olvidar que era la Sevilla industrial y comercial que tenía mucha actividad y muchas chimeneas echando humo. Las criadas o niñeras les llevaban puntuales el almuerzo todos los días, bien calentito en sus canastos, con sus fiambreras y no se iban de vuelta hasta que no se los hubiera comido todo, puesto que esa eran las órdenes e instrucciones que recibían.
Este porte o educación o estilo le acompañaban a las niñas durante toda su vida, y las hacían ser mujeres con mucha clase y se distinguían del resto de las demás niñas por sus modales refinados, al caminar por la calle sin mover la cabeza y sin quedarse fija mirando a nadie, decían siempre la palabra justa a la hora de hablar y comunicarse con alguien y cedían las aceras a las personas mayores.
Cualquier interlocutor de la clase social que fuere se daba cuenta inmediatamente de tales dones adquiridos, puesto que mantenía atentamente la conversación sin mirar nada más que a los ojos del interlocutor.
Al hablar no hacían ningún gesto con las manos. Su vocabulario era claro escueto y conciso sin palabras soeces ni mal sonantes, en definitiva observaban muy concienzudamente las reglas del buen orden, la buena urbanidad y la buena educación recibida en aquel colegio de elite Sevillana, en definitiva que siempre ha habido clases y clases. Confucio dijo una vez: que donde hay educación no hay distinción de clases.
CAPITULO 22º: (FIN DE LA 1ª PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Un saludo de DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
En todo ese primer año solitario que estuve en Sevilla. Interno y en los 6 años venideros restantes que pasé en la Escuela de Aprendices también interno. Nunca tuve protección de nadie, siempre me las tuve que arreglar yo solo para todo. Y os puedo asegurar que esto también marca a la persona y confirma lo de: “El hombre no nace sino se hace”
Al año siguiente a ese incidente de la bodega de mi casa improvisada de calabozo. Como yo insistía en salir con mi amigo Maqui en busca de sensaciones nuevas por aquellos caminos, riveras y huertas y el Bacie. Mis padres deciden arreglar la cuestión mandándome a un internado a más de 100 kilómetros de distancia.
Trascurría el año 1959 en un caluroso 15 de Septiembre Sevillano en los padres salesianos de la Santísima Trinidad.
Si grave fue el calabozo más grave fue el que mi madre me dejara solo a los 9 años de edad llorando en aquel caluroso patio con suelo de cemento que brotaba el fuego del verano sevillano; en aquel llamado: patio del recreo donde para mí; todo era extraño y no conocía a nadie, en aquel marcado e inolvidable día de septiembre.
Allí me dejo mi madre con una maleta de cartón. Yo no podía impedir las lágrimas de un niño de nueve años y mi madre sé que se fue también llorando.
Yo no hacía nada más que repetirme: (¿Por qué? ¿Por qué? Mama me arrancaste como una mata de chocho y me sombraste en la Ciudad).
Las polvorientas encinas el dorado castañar ¿Por qué? ¿Por qué? Me sacasteis Madre de mi pueblo natal.
De Sevilla todo me parecía grande en comparación con lo que era mi pueblo. Las calles eran el doble o triple más anchas y aquellos pisos tan altos y tanto trafico de carros de la nieve y de triciclos de panadería y con taxis de color amarillo por aquellas calles tan empedradas con esos adoquines de figura tan regular y tan grande; en comparación con las piedras pequeñas de mi calle.
Yo; la verdad no era un niño prodigio ni tenía grandes dones y virtudes ni era un jirón excelso de la divinidad caído del cielo en la tierra. Como diría Pérez Galdós en Torquemada en la hoguera.
Todo el camino en el Saure vine más mosqueao que un pavo escuchando una pandereta.
Aunque mi madre trataba de tranquilizarme dándome ánimo y diciéndome: Allí te enseñan mucho y terminas siendo un “hombre de provecho”.
Los domingos nos sacaba Don francisco nuestro tutor hasta llegar a la Plaza España.
Íbamos caminando en fila de dos por la acera y seguimos un orden y una disciplina sin extralimitarnos ninguno. Sabíamos que éramos observados por los viandantes y procurábamos hacerlo cada vez mejor. Algunas parejas de mujeres mayores nos preguntaban ¿de qué colegio sois niños? De los Salesianos señora ¡ah claro ya se os ve¡
Mis padres solo se sintieron orgullosos y no cabían en sus pellejos, cuando vieron como avanzaba en mis estudios en aquel internado Sevillano de Los Salesianos de Santísima Trinidad, y leían y releían con asombro las cartas escritas que les mandaba, sin una falta de ortografía y con una excelente caligrafía inglesa de letras apaisada. Adquirida tal habilidad de la escritura o caligrafía con la ayuda de los tres dictados diarios que hacíamos en clase y que corregíamos cuando ponía Don Francisco el dictado correcto en la pizarra.
De cada dictado según las faltas de ortografía cometidas, salía un nº de puesto en el escalafón de la clase. Los dos primeros figurarían en el Cuadro de Honor, y felicitado personalmente por el director del centro: Don José.
Al terminar el curso de ingreso de bachillerato allá por el año 1959- 60 regrese a mi casa con una caja de cartón de más de 50 centímetros de altura toda llena de libretas completas de dictados en cuadernos de doble rayas.
En la lectura también nos poníamos de pie sobre la pared y leíamos sobre nuestro libro. Cuando nos atascábamos al leer seguía el que estaba junto a ti y nos adelantaba en posición, quedando por delante. Cada vez que se superaba en la lectura con un cronometro. Se adquiría mejor posición en el escalafón que formábamos en la pared. Los dos primeros salían también en el Cuadro de Honor. Aunque el hecho de leer con más soltura no quería decir que lo había comprendido y asimilado todo, sino que leía como un papagayo. Lo de entender o no entender lo que se lee, se consigue con muchos más años de práctica de lectura y concentración.
Estos curas saben distinguir que alumnos les interesaría que siguieran estudiando en el colegio y que otros alumnos le vendrían mejor que se fueran del colegio.
Este vale para bachillerato y este otro para formación profesional. Que por cierto en la otra ala del internado estaban los de formación profesional. Y en el ala de la derecha los de bachilleres.
Cuando veían que un chico no promete los dejaban por imposible. Porque este no iba a darle renombre al Centro. El solo terminaba aburriéndose y yéndose del colegio.
En cambio se esforzaban con aquellos otros que le interesaban y que prometía y se centraban en el estudio cambiando con facilidad el chip del juego a la concentración de los deberes escolares.
El resultado los tenía en las evaluaciones periódicas de los exámenes.
Era palpable el adelanto que había obtenido en el internado, y mis padres dieron por bien empleado el sacrificio mensualmente que dieron de su dinero a los curas.
Se veía crecer el amor fraternal y se congratulaban cada vez mas de haberme engendrado, dando el ser a semejante criatura como yo.
Era el colegio de los salesianos de la Santísima Trinidad en la zona de los internos.
Y hago hincapié en esto de los internos para separar una zona de otra a través de una valla muy alta y que estaban al otro lado del cine o salón de actos. Estos otros se llamaban Los externos y eran alumnos que terminadas las clases se iban a sus casas. Solían ser de clases menos favorecidas.
En todos los colegios grandes de Sevilla ocurría lo mismo: siempre había una valla divisoria que separaba la gente humilde y sin recursos de la gente que podía permitirse el entregar dinero con muchos esfuerzos como era el caso de mis padres.
Unos ejemplos eran los de los padres Jesuitas de la calle Eduardo Dato. Allí estuvieron mis dos hermanitos mellizos e hicieron la primera comunión, al otro lado de la valla.
Se distinguían de los otros por tener distinto la bata o babi de color caqui, distinto al de los otros chicos más afortunados de colores a rayas en blanco y celeste; también hacían distinción el calzado y la cabeza rapada al cero por aquello de los piojos o las liendres que eran los huevos de cría de los piojos y que se adherían al cabello sin quererse soltar y otros muchos detalles más. El cantante Paco Navajas dijo alguna vez que: Aquel que nace para martillo. Del cielo le caen los clavos.
Otro ejemplo lo teníamos en el colegio de Yanduri situado en la misma puerta Jerez, Frente al Hotel Alfonso XII; los de un lado de la valla, no podían verse ni hablar con los del otro lado, porque se conoce que los pobres tenían un léxico no muy apropiado para la gente recatada. No fuera que escuchasen palabras mal sonante o se les pegara alguna miseria; cosas que no eran del agrado de los oídos de los padres pudientes que solían vivir en grandes casas solariegas que recogían a criadas de los pueblos limítrofes andaluces y extremeños y los chóferes conduciendo el SEAT 1400 de color negro o el 1500 con la palanca de cambio de las velocidades en el volante y toda serie de lujos de aquellos tiempos.
Por aquellas fechas se podían permitir tener por muy poco dinero todo el personal de servicio que quisieran dado que una niñera o cocinera, con tenerla vestida y calzada con su cofia con delantal blanco y recogida y alimentada.
Algunas las podías tener todo un día; por tan solo un huevo y un bollo era más que suficiente, para tenerlas contentas. Bien es cierto que había casas que mantenían más contentas a la servidumbre que otras, bien por el trato tolerante o afable y no autoritario y soberbio o bien siendo más dadivoso y menos mezquino.
Las criadas que tenían gran celo en el trabajo y que eran eficientes obedientes y en definitiva buenas criadas se las disputaban las señoras de las grandes casas como los buenos futbolistas en los grandes clubes. Y Ellas tan contenta de estar en una casa de tan alta alcurnia.
Las niñas de posición acomodada acompañadas por las chachas pueblerinas las llevaban al colegio de (palacio de) Yanduri situado en la puerta Jerez y que en la guerra fue sede de la falange española e iban adornadas con un gorrito circular de fino paño y de forma similar a un gran gurumelo (champiñón) que le hubieran quitado el tallo y puesto en la cabeza boca abajo y con una cinta de color azul muy vistoso, andaban rectas con la cabeza erguida y ropas muy recatadas de fino paño Ingles, con faldas azules y con lustrados pliegues siempre muy bien planchadas limpias e impecables y eran conducidas al colegio siempre puntual por criadas mayordomos o chóferes. Eran hijos de comerciantes o empresarios. No hay que olvidar que era la Sevilla industrial y comercial que tenía mucha actividad y muchas chimeneas echando humo. Las criadas o niñeras les llevaban puntuales el almuerzo todos los días, bien calentito en sus canastos, con sus fiambreras y no se iban de vuelta hasta que no se los hubiera comido todo, puesto que esa eran las órdenes e instrucciones que recibían.
Este porte o educación o estilo le acompañaban a las niñas durante toda su vida, y las hacían ser mujeres con mucha clase y se distinguían del resto de las demás niñas por sus modales refinados, al caminar por la calle sin mover la cabeza y sin quedarse fija mirando a nadie, decían siempre la palabra justa a la hora de hablar y comunicarse con alguien y cedían las aceras a las personas mayores.
Cualquier interlocutor de la clase social que fuere se daba cuenta inmediatamente de tales dones adquiridos, puesto que mantenía atentamente la conversación sin mirar nada más que a los ojos del interlocutor.
Al hablar no hacían ningún gesto con las manos. Su vocabulario era claro escueto y conciso sin palabras soeces ni mal sonantes, en definitiva observaban muy concienzudamente las reglas del buen orden, la buena urbanidad y la buena educación recibida en aquel colegio de elite Sevillana, en definitiva que siempre ha habido clases y clases. Confucio dijo una vez: que donde hay educación no hay distinción de clases.
CAPITULO 22º: (FIN DE LA 1ª PARTE) de El internado de los Salesianos de la Santísima Trinidad.
Del libro: AUTOBIOGRAFIA DE UN NIÑO EN JABUGO EN 1950
Un saludo de DON PEDRO JUNIOR (CONTINUARA)
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